José Molina Comino, natural de Priego de Córdoba, pertenece a esa noble generación de músicos cuya vida ha estado guiada por la vocación, el esfuerzo constante y el amor profundo hacia la música. Desde sus primeros años sintió la llamada de ese arte invisible y poderoso que une a las personas y trasciende el paso del tiempo, iniciando un camino que, con dedicación y perseverancia, lo llevaría a convertirse en una figura respetada dentro del panorama musical andaluz.

Realizó sus estudios en el Conservatorio Superior de Música de Córdoba y en el Conservatorio Profesional de Música de Linares (Jaén), donde cursó las especialidades de Trompeta, Percusión, Piano y Armonía. A esta sólida formación académica añadió su constante deseo de perfeccionamiento, participando en cursos y seminarios de Contrapunto, Composición y Dirección de Banda y Orquesta, que contribuyeron a forjar una personalidad musical amplia, rigurosa y profundamente expresiva.

Sus primeros pasos en el universo de la música de banda tuvieron lugar entre los años 1983 y 1986, formando parte de la Banda de Música de Priego de Córdoba, su ciudad natal. Allí comenzó a descubrir la fuerza colectiva, la disciplina y la emoción compartida que caracterizan a estas formaciones musicales. Posteriormente ingresó en la Banda de Música de Alcaudete (Jaén), donde conocería a quien sería su primer maestro y guía musical, Don Antonio Panadero, figura determinante en el desarrollo de sus primeras inquietudes artísticas. De aquella etapa, marcada por el aprendizaje y la amistad, surgiría el pasodoble "Alcaudete", obra dedicada con afecto y gratitud a los compañeros y amigos de aquella querida institución.

A lo largo de su trayectoria ha tenido el privilegio de formar parte de destacadas agrupaciones musicales, entre ellas la Orquesta Sinfónica de Córdoba y el Coro de Ópera Cajasur, participando en producciones líricas de gran relevancia. En esos escenarios compartió momentos musicales con algunas de las voces más extraordinarias de la lírica internacional, como Alfredo Kraus, José Carreras, Montserrat Caballé y Plácido Domingo, participando en representaciones de óperas tan emblemáticas como Carmen, La Traviata o Rigoletto. Todo ello bajo la dirección de prestigiosos maestros como Edmon Colomer, García Navarro o Enrique García Asensio, entre otros.

Asimismo, ha colaborado con la Orquesta Sinfónica de Málaga, bajo la dirección de J. Pérez Batista, antiguo director de la Orquesta del Gran Teatro del Liceo de Barcelona, enriqueciendo así su experiencia en el ámbito sinfónico.

Su inquietud artística lo ha llevado a ampliar su formación junto a reconocidos maestros como J. Ortí, B. Moreno, S. Castells, J. Rígoli, R. Giovannetti, S. Niebla, Enrique García Asensio y Zubin Mehta, experiencias que contribuyeron a enriquecer su sensibilidad musical y su visión del arte sonoro.

Como compositor y arreglista ha desarrollado una extensa y variada producción musical que abarca pasodobles, marchas procesionales, música sinfónica, obras para piano, música coral, orquesta ligera y canción española. Su música, nacida de una profunda conexión con la tradición y con el sentimiento colectivo que caracteriza a la música de banda, se distingue por su riqueza melódica, su equilibrio sonoro y su capacidad para emocionar.

En 1999 fue galardonado con el tercer premio del II Concurso Nacional de Composición "Ciudad de Alicante" por su marcha procesional "Mayor Dolor", obra que consolidó su nombre dentro del repertorio cofrade contemporáneo.

En marzo de 2007, la Banda de la Escuela Municipal de Música de Priego de Córdoba grabó el CD monográfico "Momentos Cofrades", una obra discográfica que reúne trece marchas procesionales de su autoría, además de la instrumentación, arreglos y armonización de la marcha "Madre de las Penas", de G. Gámez, constituyendo un valioso legado dentro del patrimonio musical procesional.

Es miembro de la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE).

En 1999 fundó la Escuela y Banda Municipal de Música de Almedinilla (Córdoba), institución que dirigió hasta 2015 y desde la cual desarrolló una intensa labor pedagógica y cultural. Durante más de tres lustros dedicó su talento y su esfuerzo a la formación de nuevas generaciones de músicos, transmitiendo no solo conocimientos musicales, sino también valores como la disciplina, el compañerismo y el amor por la música.

La trayectoria de José Molina Comino es, en definitiva, el reflejo de una vida consagrada a la música. Una vida en la que la vocación, la creación y la enseñanza se han entrelazado para construir un legado que trasciende partituras y escenarios, dejando una profunda huella en el panorama musical andaluz y en el corazón de quienes han tenido la fortuna de compartir con él el camino de la música.